Preservar nuestro espacio: el dilema de la

Preservar nuestro espacio: el dilema de la «basura espacial»

La basura espacial empieza a mostrar la necesidad de regularizar y controlar todo aquello que enviamos al espacio.

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Preservar nuestro espacio: el dilema de la «basura espacial»

La semana pasada UNICEF coordinó la Semana de cambio climático, un hito del que queremos hacernos eco hoy en nuestro espacio Magazine para resaltar otro problema de contaminación que puede afectar nuestro futuro.

Pero como nos gusta apuntar alto, mirar hacia arriba (ya lo dice el #icouldbe, “yo podría ser”), queremos hablar sobre algo que está más allá de las nubes; la contaminación espacial (más conocida como basura espacial).

La carrera espacial ha pasado de ser una cuestión exclusivamente estatal o supraregional a tener grandes corporaciones trabajando y testeando importantes avances para nuestras telecomunicaciones. Sin embargo, esto tiene que venir acompañado de una legislación acorde a estos avances, porque los riesgos de colapsar nuestra órbita empiezan a ser evidentes.

 

Medio millón de piezas espaciales

Las industria aeroespacial alcanzó en 2018 la cifra de 11.838 millones de euros

 

Según el rotativo The Economist, la NASA calcula que hay más de 500.000 piezas de basura espacial orbitando alrededor de la tierra, fruto de los más de 8.650 objetos que se han enviado al espacio desde el lanzamiento del Sputnik 1 en 1957.

La iniciativa espacial de Elon Musk, SpaceX quiere lanzar antes de 2027 más de 12.000 objetos para crear una constelación de satélites conocida como Starlink, que podría mover datos a el doble de velocidad que la fibra óptica en casi todo el planeta. Los beneficios pueden transformar y digitalizar múltiples entornos, pero antes de ello, se tiene que hacer «limpieza».

 

El planteamiento de Starlink para el año 2027 tendrá un coste de unos 10M US$. Fuente: Business Insider

 

Para que nos hagamos una idea de los riesgos que supone tener tantos objetos en el espacio que ya están en desuso, la NASA nos explica como un trozo de pintura puede alcanzar los 27.000km/h. Un impacto a tal velocidad puede provocar desperfectos a satélites en funcionamiento y condicionar los servicios que proporcionan.

 

Controlar y regularizar las órbitas

 

Hace apenas 9 días, las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos emitían un comunicado de alerta por el riesgo de colisión (5,6% de posibilidades) entre un módulo de hábitat experimental norteamericano y un satélite ruso. Pese a quedarse solamente en una advertencia con baja probabilidad, las diferentes entidades espaciales ya han tomado nota.

Para disfrutar de un planeta bien comunicado, las empresas que envían objetos al espacio necesitan licencias de las autoridades nacionales pertinentes. Estos reguladores están destinados a examinar las órbitas propuestas y establecer reglas de fin de vida útil para los satélites antiguos, ya sea para volver a entrar en la atmósfera de la Tierra, donde se queman, o para ser impulsados a la «órbita cementerio» donde no hay riesgo de colisión.