Un backup para nuestros recuerdos ¿en la nube?

Un backup para nuestros recuerdos ¿en la nube?

¿Te imaginas tener una copia externa de tus recuerdos para acceder a estos cuando quieras?

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Un backup para nuestros recuerdos ¿en la nube?

En el Club trabajamos para que l@s soci@s tengáis acceso a las herramientas, lecturas y metodologías que marcan la innovación y que, de vez en cuando, incluso van un poco más allá. Material para afrontar nuestro día a día con nuevas inquietudes.

Hoy queremos retomar un tema que ha generado debate en los últimos dos años, y que va ligado a las principales tendencias tecnológicas que transforman sectores: la capacidad de preservar datos de gran complejidad para analizarlos. En concreto, como gestionar el dispositivo de almacenamiento más preciado por el ser humano: el cerebro.

 

Extraviar nuestros recuerdos

 

Probablemente muchos recuerdan los primeros CD-Roms, los floppy disks o incluso las tarjetas perforadas: sistemas de almacenamiento con una capacidad que no daría ni para guardar un capítulo de Juego de Tronos hoy en día.

El miedo a extraviar estos dispositivos, y por consecuente el contenido almacenado, se desvanece con la llegada del almacenamiento en la nube. ¿Pero qué sucede con todos esos datos que no se pueden digitalizar, como nuestros recuerdos o nuestra memoria?

 

Siempre que eches de menos un diskette, dale al icono de guardado en Word.

 

No todo el mundo tiene la capacidad de recordar y evocar los principales episodios de su vida (también conocida como hipermnesia). Incluso nuestra memoria es capaz de auto engañarse como mecanismo de defensa y alterar estos recuerdos en determinadas ocasiones. Esto podría cambiar si dispusiéramos de un “backup cerebral”.

 

Nectome, un experimento ¿fallido?

 

Nectome es una startup que investiga el proceso de conservación o mantenimiento de la memoria cerebral a largo plazo en humanos. Sus fundadores, R. McIntyre y M. McCanna, trabajan para convertir en realidad este objetivo con técnicas (que parecen de ciencia ficción o el antiguo Egipto) como el embalsamiento o la criogenización cerebral, algo parecido a “cristalizar” el cerebro.

Una exitosa trayectoria profesional investigando la mejora de la sinapsis neuronal (la conexión entre neuronas) en animales como conejos y cerdos, les han valido el acompañamiento del MIT en diferentes fases del proceso (se desvincularon hace poco) y el financiamiento del Gobierno estadounidense mediante el NIMH.

 

La criogenización planteada por Nectome permitiría mantener el cerebro humano y parte de los recuerdos en perfecto estado.

 

McIntyre y McCanna siguen experimentando, pero sin éxito hasta el momento. Para poder conservar los recuerdos (o más bien los procesos y las sinapsis que los generan) debe aplicarse líquidos embalsamadores. Hoy por hoy, realizar esta operación con éxito supone mantener el cerebro “intacto”. Sin embargo, el resto del cuerpo no resistiría el cambio aplicado a este órgano vital.

La investigación lleva vigente desde 2016, y aunque de momento no parece que podamos almacenar y recuperar nuestros recuerdos en la nube, ha dado grandes pasos para desvelar el funcionamiento de la memoria humana.

Hoy en día sigue siendo muy difícil de asimilar una tecnología capaz de reinterpretar las sinapsis neuronales que guarda un cerebro criogenizado. Sin embargo se calcula que ya hay más de 80 personas en todo el mundo (entre ellas un español) que optaron por dejar su “disco duro” congelado antes de fallecer.

Aún nos queda dar con el lector adecuado para nuestra memoria.